Oraciones del Santo Rosario

«El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor
Santo Papa Juan Pablo II

Como se reza el Rosario

A pesar de ser una oración muy sencilla, el Rosario es un memorial de toda la vida de Nuestro Senor Jesucristo, y que contemplamos a lo largo de cada Ave María.

El Rosario se agrupa en cuatro Misterios (Gozosos, Dolorosos, Gloriosos y Luminosos) el cual se recomienda rezar uno por cada día de la semana.

El Rosario consta de las siguientes partes:

  • Oraciones iniciales.
  • 5 veces la oración del Padre Nuestro.
  • 50 veces Ave Maria.
  • Oraciones Finales

 

Señal de la Cruz

V: Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro.
V: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
V: Abre, Señor mis labios.
R: Y mi boca cantará tus alabanzas.
V: Ven, oh Dios, en mi ayuda.
R: Apresúrate, Señor, en socorrerme.
V: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R: Como era en el piincipio, ahora y siempre. Amén.

Ofrecimiento

Divino Jesús, te ofrecemos el Rosario que vamos a rezar para contemplar los misterios de nuestra Redención. Concédenos que, por la intercesión de María, vuestra Madre Santísima, a quien nos dirigimos, obtengamos las gracias necesarias para rezarlo bien y ganar las indulgencias de esta santa devoción. Así sea.

Credo

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos; subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica; la comunión de los Santos; el perdón de los pecados; la resurrección de los muertos y la vida eterna. Amén.

Padrenuestro

V: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
R: Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Avemaría

V: Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
R: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

V: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R: Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

María, Madre de gracia… (después de cada misterio)

María, Madre de Gracia, Madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh Jesús mío… (después de cada misterio)

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo y socorre especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia.

Agradecimiento

Infinitas gracias te damos, soberana princesa, por los beneficios que todos los días recibimos de tus liberales manos. Dígnate, ahora y siempre, tomarnos bajo tu poderoso amparo. Y para más obligarte a ello, te saludamos diciendo:

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.